Feliz Navidad! …. o no
Paula, a sus veinte años, siempre pasaba sola las Navidades. Sus padres habían muerto siendo ella adolescente, no tenía más familiares y no había nacido como alguien especialmente sociable. Podía contar sus amigos con los dedos de una mano, y todos ellos tenían otros planes para aquella época. Planes que no la incluían.
Por lo tanto ahí estaba, un año más, preparando cena para uno y lista para ver una película mientras comía. Estaba llevando la bandeja al salón cuando sonó el timbre.
Con paso lento y pesaroso, se acercó a la puerta. Abrió la mirilla pero estaba tan oscuro que no distinguía forma alguna. Encendió la luz del porche y comprobó que no había nadie, de modo que suspiró y volvió a la sala.
No había hecho más que coger el mando a distancia cuando el timbre volvió a sonar, haciendo eco en la casa vacía. Paula frunció el ceño, pensando que alguien se estaba tomando muchas molestias para gastarle una broma, dado que el vecino más cercano que tenía vivía a más de un kilómetro de distancia.
Regresó a la puerta, encendió la luz y vio que el porche seguía vacío. Aún así, se atrevió a preguntar con voz temblorosa:
- ¿Hay… alguien ahí?
Sólo silencio obtuvo por respuesta, y se convenció de que quizás se había producido algún fallo en la red eléctrica que, con los picos de subida y bajada de tensión, provocaba el mal funcionamiento de aparatos como el llamador.
Se sentó en el sofá con la bandeja sobre las piernas, encendió el televisor y se entristeció al reflexionar en lo triste que era su vida. En lo que le gustaría creer en la magia, cambiar su destino. Deseó que todo fuera diferente.
Esta vez el sonido agudo le hizo dar un respingo, tomándola por sorpresa. ¡Otra vez! Corrió hacia la puerta y la abrió de golpe, pero, nuevamente, allí sólo había negrura y tinieblas. Cerró con cuidado y apoyó la frente en la pared, diciéndose que igual estaba empezando a volverse loca. Entonces, por el rabillo del ojo, creyó ver movimiento. Con el corazón latiéndole desbocado, queriendo salirse de su pecho, dio media vuelta. Allí, en medio del recibidor, había un hombre vestido de Papá Noel, de casi dos metros de altura, una expresión bondadosa en el rostro y una larga y esponjosa barba blanca.
Al principio, el miedo no le dejó articular palabra. En aquel momento, Papá Noel esbozó una ligera sonrisa y, con voz profunda y melodiosa, dijo:
- ¡Hola niña! He venido a entregarte tu regalo de Navidad. Y es algo que llevas deseando mucho tiempo.
A pesar de lo bizarro de la situación, Paula no pudo evitar la punzada de esperanza que sintió. De modo que, intrigada, preguntó:
- ¿En… en serio?
- … no.
Y mientras la sonrisa de Papá Noel se trocaba en algo macabro y sacaba de su bolsillo algo alargado con un fascinante brillo metálico, Paula únicamente fue capaz de pensar en que nadie jamás oiría sus últimos gritos.
PD: No, no me gustan las Navidades. Cuando creces te das cuenta de que no son todo lo idílicas que creías. Y menos en mi caso. Pero este post es sólo para mí, basado en mi experiencia, el que os voy a dedicar a vosotros será mucho más bonito
Os dejo que me están esperando…





FAN.
20/12/2012 en 15:47
Thanks!!
20/12/2012 en 19:23
What a scary photo, and what a scary story! Nice!
20/12/2012 en 17:18
Thank you sooo much Ronald!
20/12/2012 en 19:23
He llegado aqui desde dzoom, tu blog es muy bueno, tus fotos muy bonitas y ademas escribes bien. Enhorabuena.
21/01/2013 en 23:22
Me alegro mucho de que te haya gustado y de que llegues de una estupenda web como es dZoom. Muchas gracias!
22/01/2013 en 23:08